El camino del Héroe espiritual.

July 21, 2016

 

Antes de dejar morir. El viaje del héroe.
“Para que lo nuevo surja”.

Desconcierto /enojo
Temor / frustración
Inestabilidad
Lucha voraz por vivir
Desesperación / desasosiego
Principio de entrega
Entrega y muerte
“Con la muerte surge la vida”

 

La “enfermedad” como circunstancia emergente, (como también podría serlo la crisis), como término simbólico, aparece llamadora para emprender el viaje, búsqueda o aventura, al mundo de lo desconocido.
Ante la mirada cara a cara con el espejo de la vida surge la pregunta: ¿porque a mí?
Lo vi en tus ojos, llenos de desconcierto y enojo, esa misma mirada que en ocasiones observé en algunos animales en peligro de muerte. El peligro, la amenaza, acechando a la vuelta de la esquina, oculta tras algún rincón olvidado del inconsciente, observando.
El temor despliega sus alas, te encuentra y sacude tus pocos sitios de defensa. Comienza a resquebrajar cada una de tus seguridades y “fortalezas”. Genera grietas por donde se filtran campos más blandos y la vulnerabilidad te muestra que empezas a perder aquellas cosas en las cuales creías que te sostenías.

 

Comienza lo que llamo “tiempo sin tiempo”, donde tu vida deja de desarrollarse en los parámetros del devenir cotidiano, aunque tu cuerpo siga cumpliendo cada una de sus rutinas lógicas y esperables.
La diferencia entre la enfermedad y una crisis, casi la única diferencia es que en la enfermedad no tienes posibilidad física real de volver atrás por elección. 
Pareciera que la única opción pasa a ser internarse en esa noche de bruma espesa, en ese bosque desolado y amenazante, donde no hay caminos señalizados, donde el camino lo haces vos en cada paso.
Se presenta la soledad tremenda del alma. Quisieras que existiese alguna posibilidad de no sentirte tan solo, de despertar de ese sueño de dolor, de que hubiese “alguien” dueño de la llave que permita abrir las antiguas puertas… 
Es paradójico, porque estás acompañado, en este camino hay aliados y enemigos, pero el camino es tuyo y de nadie más.

 

Aparece el mentor, este alguien que ya ha hecho su propio viaje, que conoce sus mapas, trayectos y dificultades. Sin pretender erradicar o modificar nada, el mentor te cuida, te acompaña de cerca para que puedas cumplir tu propósito. El está para ayudarte a ver, no a cambiar nada. El mentor te da armas, no de las que el ego necesita sino de las que tu alma pide.
La lucha voraz por vivir pone sobre la mesa cada una de las pruebas a superar, tratamientos en el caso de la enfermedad. Esa es la parte del camino donde estas dispuesto a enfrentarte cara a cara con la fiera más salvaje jamás conocida, le pones el cuerpo, la piel, estas dispuesto a entregar todo lo humanamente conocido. La opción es vida, cuando todo a tu alrededor huele a muerte.
En el inconsciente existe siempre la fantasía inocente de que a la vuelta de alguna esquina aparecerá esa pócima mágica o eso “salvador” que te entregara la solución rápida de esta travesía dolorosa.


Pero cuando menos lo esperas, tomas conciencia de lo inevitable, la muerte. Eso que irremediablemente tiene que morir para dar lugar a que lo nuevo surja. A veces es el cuerpo, otras veces la muerte tiene el mismo sabor aunque no haga falta cambiar de carruaje.
Lo llame principio de entrega, esta terminología nada tiene que ver con rendición. Es un momento sagrado, casi de total detención, donde el héroe está preparado para entregar algo vital de él. Hace su ofrenda en el altar de la vida, abre su corazón, sus manos y hace su entrega sagrada. Queda así completamente desnudo, ligero de equipaje, su ofrenda o sacrificio le dará la soltura necesaria y última para atravesar el “gran umbral” que lo espera.
El héroe despliega nuevos dones, quizás faltos de utilidad para las apreciaciones ordinarias, pero fundamentales en el camino de su existencia y con ellos como vestidura y estandarte, encamina su último trayecto que será atravesar el umbral, desplazándose al este, punto cardinal, prometedor del nuevo amanecer.
Vence al miedo y se anima.


Y el milagro vestido de ángel inmenso, se hace presente a manos abiertas. En ese instante todo se detiene, ceden las fricciones, no hay lucha, ni indecisión sino un silencio fino y fluido. No queda más temor ni sufrimiento, camina hacia la luz. La luz es guía y certeza.
Atraviesa el umbral cristalino y luminoso y de pronto su propia belleza se vuelve incalculable, indescriptible. Quizás lo más parecido en descripción es luz, luz centelleante, inmensidad de océano, liviandad de pluma, profundidad de cielo. Llega a casa.

 

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